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Mi hijo no oye, ¿que hacer?

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Desde el momento en que el niño ha sido detectado con deficiencia auditiva, usted tiene un gran camino para recorrer.  Nunca en la historia de la re/habilitación de la deficiencia auditiva ha habido tantas opciones para acceder a la audición. La tecnología avanzada de audífonos e implantes cocleares da a cada niño la posibilidad de acceder al mundo de la audición para desarrollar habilidades auditivas que lo lleven al lenguaje oral.  

Para un adecuado desarrollo de las habilidades auditivas, es necesario iniciar con una evaluación audiológica muy completa (potenciales evocados auditivos, emisiones otoacústicas, audiometría, impedanciometría) que lleve en el menor tiempo posible a la óptima amplificación (audífonos y definir según el caso si se requiere implante coclear). El niño inicia desde ese momento un proceso en el cual debe  empezar por detectar el sonido (tomar conciencia de que el sonido existe), hasta llegar a diferenciar entre los distintos sonidos del lenguaje, darles significado y poder expresarse a través de la palabra hablada.

El programa de estimulación de las habilidades auditivas en función del desarrollo del lenguaje oral de todo niño con deficiencia auditiva debe construirse teniendo en cuenta los siguientes fundamentos:

  1. Debe empezar tan pronto como sea posible después del nacimiento.
  2. La deficiencia auditiva debe diagnosticarse y tratarse lo antes posible con la mejor amplificación. Esa amplificación debe adaptarla el experto que evalúe y garantice la ganancia acústica suficiente que le permita escuchas toda la gama de sonidos del lenguaje.  El niño debe estar amplificado lo mejor posible, lo antes posible, y desde el primer momento usar su amplificación todos los días durante todo el día. La amplificación debe ser monitoreada y ajustada periódicamente (promedio cada 3 a 6 meses).
  3. El programa de estimulación de las habilidades auditivas debe ir enfocado siempre a la adquisición del lenguaje oral. La meta es lograr las habilidades lingüísticas. Las diferentes etapas de desarrollo de la percepción auditiva en el niño oyente, son la base del trabajo en el niño con deficiencia auditiva para prepararlo para la comunicación oral.
  4. La enseñanza del lenguaje oral debe seguir el mismo camino que sigue el aprendizaje del lenguaje en el niño oyente.
  5. El programa de intervención debe ser con los padres quienes son los referentes permanentes del lenguaje del niño. Es al lado de ellos que todo niño aprende a hablar. Deben estar en capacidad de estimular el desarrollo del lenguaje del niño acompañando siempre el programa terapéutico.
  6. La terapia del niño debe ser estructurada. El papel de la fonoaudióloga es el de planear un trabajo estructurado  partiendo del desarrollo de la percepción auditiva y del lenguaje del niño oyente, siguiendo cada una de las etapas sin saltarse ninguna, teniendo en cuenta las características individuales del niño y logrando ser un facilitador de este proceso en la familia.

¿Por qué un programa para padres?

El aprendizaje del lenguaje en el niño con deficiencia auditiva, no depende solamente de la cantidad de horas de terapia que el niño tenga, sino principalmente de la cantidad y calidad de experiencias lingüísticas significativas con sus padres y con aquellos que lo aman. El proceso de desarrollo auditivo y lingüístico es continuo, se va dando durante todas las horas, todos los días.

El niño no es un aprendiz estático de lenguaje sino más bien un socio dinámico en el sistema de doble comunicación; desde que nace tiene intenciones de expresarse por una variedad de medios (gestos, expresiones faciales, vocalización). En la medida en que los padres responden, el niño desarrolla un sistema de comunicación que será el punto de partida para el desarrollo del lenguaje oral.

El niño aprende a hablar porque desea comunicarse con sus padres. Quiere pedir algo y entonces necesita darle un nombre a lo que quiere (dame, tete, galleta); quiere controlar lo que su mamá o su papá hacen (ven, vamos); quiere establecer vínculos con las personas que ama y entonces necesita llamarlos por su nombre (papá, mamá, ito); necesita informar de sus actos (me voy, adiós, aquí, quiero,). El niño aprende de las cosas que suceden, en el momento en que suceden y quiere hablar de ellas. Son los padres los que responden a la comunicación del niño y le dan las bases para ampliar su lenguaje.

Cada momento del día es una oportunidad de aprendizaje, de interacción afectiva y comunicativa y por lo tanto una oportunidad de promover el desarrollo del lenguaje oral. La hora de bañarse, el momento de arreglarse o abrigarse para salir, el momento del desayuno, el de caminar de la mano por la calle, la hora de leer un cuento, la de irse a dormir, son unas pocas de las muchas oportunidades de aprendizaje del lenguaje en familia.

Aprender cada día nuevas palabras se relaciona directamente con experiencias verbales significativas, es decir, con la experiencia del niño con nuevas palabras, las que oye en su casa, que tienen significado cuando su mamá o su papá o aquellos con quienes vive las dicen en el momento adecuado, es decir, palabras que significan algo para él. Habrá un mejor momento que la hora del desayuno para aprender palabras como pan, huevo, leche, chocolate o café?

No son las palabras tomadas de una lista ni las frases previamente estudiadas las que el niño necesita. El lenguaje es el que se usa en el hogar, el que los padres usan para comunicarse con él y para hablar de lo que sucede en ese momento, del aquí y el ahora, de lo que le pasa o quiere el niño, de darle el nombre a las cosas que están cerca. El niño debe oír las palabras muchas veces para entenderlas y así finalmente poderlas decir.

El lenguaje que los padres usen será natural, claro, gramaticalmente correcto. Las frases serán frases sencillas en las cuales el niño pueda tener un modelo de lenguaje apropiado para su momento. El niño debe tener tiempo para contestar y así los padres pueden mantener un dialogo que busque ampliar el lenguaje y estimular el niño. El irá poco a poco haciendo intentos comunicativos, al principio con mayor uso de gestos que sonidos y progresivamente se ira acercando a las palabras. El niño debe encontrar respuesta positiva a cada intento comunicativo y así irá ampliando su vocabulario y sobre todo encontrando un estímulo para continuar su intento.

La adquisición de nuevo vocabulario también depende de la frecuencia en que el niño oiga las palabras; es necesario no solamente que las oiga dentro de un significado sino oírlas muchas veces. Así llegará a entenderlas para después usarlas. La experiencia que el niño tenga con el lenguaje será la que determine cuándo y qué vocabulario utilizará. Las palabras que el niño oye con más frecuencia, son las que desarrolla primero. Si las oye con poca frecuencia serán las que desarrollará más tarde o en el momento en que las oiga lo suficiente como para poderlas utilizar. Si él no tiene experiencia verbal significativa con una palabra, nunca desarrollará el sentido de esa palabra. Por ejemplo la palabra “sabroso” solamente la entenderá al saborear un helado o un dulce que le guste y su mamá pueda decirle está “sabroso” o está “feo” en caso contrario. Dentro del consultorio sin la experiencia no podrá asimilar el verdadero significado. Por lo tanto son los padres del niño los portadores del vocabulario que el niño debe ir aprendiendo puesto que es en la vida diaria donde realmente se le da al niño la oportunidad de aprender.

Los padres del niño con deficiencia auditiva deberán aprender qué hacer, cuándo hacerlo y cómo hacerlo. Necesitan saber cómo aprovechar cada momento del día para convertirlo en aprendizaje espontáneo y enriquecedor para el niño. El papel primordial del terapeuta, por lo tanto, será guiar a los padres en el camino del lenguaje oral de su hijo y sabrá utilizar cada actividad terapéutica como modelo de trabajo para que luego los padres puedan ampliar las actividades con el niño. El terapeuta hará seguimiento de actividades y respuestas en el hogar y podrá así guiar a los padres para utilizar cada momento de la vida cotidiana en función del lenguaje. Unos padres que participan activamente en la terapia y comprenden los objetivos día a día, serán capaces de transformar cualquier vivencia en un buen evento comunicativo en el que la experiencia auditiva lingüística sea enriquecedora, significativa y divertida y harán de la audición y el lenguaje una filosofía de vida.

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